
Desde el momento en que Cristo transformó mi vida, el estudio profundo de las Sagradas Escrituras se convirtió en el motor de mi existencia. Mi fascinación por la Biblia no ha dejado de crecer, asombrándome constantemente ante la inagotable riqueza de sabiduría que reside en sus páginas. Como bien nos recuerda el libro de Proverbios 3:13-15:
“Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, Y que obtiene la inteligencia; Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, Y sus frutos más que el oro fino. Más preciosa es que las piedras preciosas; Y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella.”
Esta búsqueda de la verdad no es solo un ejercicio intelectual, sino una necesidad vital que guía cada uno de mis pasos en este caminar.
El valor incalculable de la sabiduría bíblica
Sin embargo, mi trayectoria me ha permitido identificar un desafío crítico dentro de nuestras congregaciones que requiere una atención urgente. Recuerdo con claridad una experiencia cuando joven, cuando tenía alrededor de quince años, en la que hice una pregunta fundamental a mi grupo de jóvenes: ¿qué debo hacer para ser salvo? Para mi sorpresa, las respuestas fueron confusas y carentes de un fundamento bíblico. Algunos decían: “Obedeciendo los 10 mandamientos” (¡No!). Otros: “Siendo una buena persona” (¡Muy equivocado!). Pero la más que me impactó fue la maestra de escuela bíblica: “Creo que algunos somos predestinados…” (Aunque hay verdad en esa frase, la respuesta no contesta mi pregunta).
El vacío doctrinal en las convicciones de muchos
Aquel momento sembró en mí una inquietud profunda sobre si la iglesia realmente conoce y puede explicar el mensaje central del evangelio de manera efectiva. Esta preocupación es especialmente evidente en contextos evangélicos que se consideran como no-denominacional. Esto significa que no tienen una tradición doctrinal histórica a la cual se adhieren.
Aunque muchas iglesias evangélicas profesan el principio de Sola Scriptura, que reconoce a la Biblia como la única autoridad infalible de fe y práctica, en el día a día suele haber una desconexión sobre lo que las Escrituras enseñan realmente acerca de Dios y la salvación del hombre, y cómo lo enseñan.
Sola Scriptura como fundamento y práctica ministerial
Mi propósito es contribuir a cerrar esa brecha, recordando que la doctrina y la teología no son posesión exclusiva de una élite académica, sino un tesoro accesible para todo el pueblo de Dios que desea vivir en armonía con Su voluntad. Mi vocación se nutre también de mi formación como educador musical y mi experiencia tecnológica, lo que me permite abordar el ministerio desde una perspectiva integral y contemporánea.
Actualmente, desempeño mi labor como Director Musical en la Iglesia Evangelio de Amor en Aguadilla, donde además lidero el ministerio educativo llamado Vida Cristiana y manejo el área de Audio y Tecnología para la gloria de Dios.
Integrando la música y la tecnología al servicio del Evangelio
Estos roles, sumados a mi participación activa en el podcast El Libro Abierto, son plataformas que utilizo para enseñar a otros a comprender la Biblia y a apreciar la rica historia de la iglesia que se ha desarrollado desde el primer siglo hasta nuestros días. En última instancia, mi deseo es despertar una pasión renovada por las Escrituras en el corazón de los creyentes para que puedan crecer en gracia y conocimiento.
Hacia una generación cimentada en la sana doctrina
Quiero dedicar mis esfuerzos a preparar una generación que no solo conozca su fe, sino que sea capaz de defenderla y predicar la sana doctrina con valentía y claridad. Todo don que Dios me ha otorgado, desde la música hasta mi conocimiento en la tecnología, tiene como fin último el servicio a Su pueblo y la expansión del conocimiento de Su gloria. Que el Señor me conceda la gracia de ser un instrumento útil en esta trayectoria para que muchos otros puedan conocerle, amarle y vivir para Su gloria todos los días de su vida.

Deja una respuesta